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Conquista del Desierto: la campaña que sumó 500 mil km2 al país

Por Emilio Jose Olivera ·

Conquista del Desierto: la campaña que sumó 500 mil km2 al país

La Conquista del Desierto fue la ofensiva militar que el gobierno argentino lanzó a fines del siglo XIX para tomar control del territorio patagónico habitado por pueblos indígenas. La campaña, al mando de Julio A. Roca, dejó un saldo de al menos 14 mil indígenas muertos y la incorporación de 500 mil kilómetros cuadrados al dominio del Estado.

Durante décadas, la relación entre los gobiernos y los pueblos originarios había estado marcada por los malones y los intentos fallidos de contenerlos. Desde 1770, cuando el gobernador Francisco Bucarelli parlamentó con caciques pehuelches, hasta las expediciones de Martín Rodríguez en la década de 1820 y la campaña de Juan Manuel de Rosas en 1833, el avance sobre el territorio indígena fue intermitente.

El ministro de Guerra y Marina Adolfo Alsina había impulsado la construcción de una zanja defensiva de dos metros de profundidad y tres de ancho, a cargo del ingeniero francés Alfredo Ebelot, para frenar los malones. La obra llegó a tener 370 kilómetros de extensión. Alsina murió el 29 de diciembre de 1877 tras enfermarse en uno de sus viajes a Carhué.

El 4 de enero siguiente, el presidente Nicolás Avellaneda designó a Julio A. Roca como nuevo ministro de Guerra. Una de sus primeras decisiones fue suspender los trabajos de la zanja. Roca consideraba que esa estrategia defensiva dilataba una solución de fondo y se propuso desalojar a los indígenas del territorio al norte de los ríos Negro y Neuquén.

En agosto de 1878 el gobierno envió al Congreso un proyecto para destinar 1.600.000 pesos fuertes al cumplimiento de la Ley 215, que fue aprobado como Ley 947 el 4 de octubre de ese año. Una semana después se sancionó la Ley 954, que creó la gobernación de la Patagonia, con sede en Mercedes de Patagones, actual Viedma.

Una campaña con cinco divisiones

El ejército, equipado con fusiles Remington, se organizó en 23 expediciones de 300 hombres cada una, hasta sumar 6 mil soldados y 800 indígenas aliados. La operación se dividió en cinco divisiones, comandadas por Roca junto al coronel Conrado Villegas, el coronel Nicolás Levalle, el coronel Eduardo Racedo, el teniente coronel Napoleón Uriburu y el coronel Hilario Lagos.

Cada columna partió desde distintos puntos del país con objetivos específicos. La división de Racedo avanzó contra los ranqueles y tomó prisionero a centenares de personas en los toldos de Epumer Rosas. La de Uriburu, que debió atravesar bajas temperaturas y territorio extenso, enfrentó a indígenas armados con Remington provistos por comerciantes chilenos.

Roca se propuso llegar a Choele Choel el 25 de mayo de 1879, objetivo que mantuvo en secreto. Partió de Carhué el 29 de abril y llegó el 24 de mayo. Al día siguiente, con formación militar y misa, celebró la fecha patria en ese punto del territorio patagónico.

En un telegrama enviado al presidente Avellaneda, Roca escribió:

"En ninguna parte se siente uno tan cerca de Dios como en el desierto."

Consecuencias de la campaña

La ofensiva militar provocó la muerte de al menos 14 mil indígenas, en combates a campo abierto o ataques sorpresivos a tolderías. Hombres y mujeres fueron separados para evitar la descendencia. Mujeres y niños fueron destinados al servicio doméstico en familias porteñas, mientras que el destino de los menores quedó en manos de la Sociedad de Beneficencia.

Los guerreros prisioneros fueron empleados como mano de obra en estancias, trabajos agrícolas, yerbatales, algodonales, obrajes madereros e ingenios azucareros. Otros fueron incorporados al ejército y la marina. Quienes el gobierno consideraba más peligrosos fueron confinados en la isla Martín García, donde trabajaban rompiendo piedras para el empedrado de Buenos Aires.

Los caciques que sobrevivieron debieron someterse y fueron asentados en parcelas asignadas por el gobierno. El Estado tomó posesión de 500 mil kilómetros cuadrados de territorio, que en gran parte fue repartido entre políticos, hacendados y militares.

Las operaciones militares continuaron algunos años más, hasta que los malones dejaron de representar una amenaza para las poblaciones bonaerenses.

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